Cuando trabajaba en el sector de la hostelería, me privaban constantemente de los descansos.
Tenía que comer antes de empezar mi turno de ocho horas porque sabía que no podría hacer una pausa para comer y no se me permitía dejar mi puesto desatendido.
El desprecio de mi empleador por nuestros derechos era injusto y —aunque entonces no lo sabía— contrario a la ley.
Todos los trabajadores merecen un trato justo e igualitario, y los empleadores deben rendir cuentas cuando no cumplen las normas.
Ahora, como abogada, lucho del lado de los trabajadores y los consumidores por igual, ayudándoles a defenderse frente a corporaciones y empresas y a lograr la justicia que merecen.